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Cómo preparar la casa para el invierno: guía completa antes de que llegue el frío

Autoría: Lucía Serrano, Redacción

Cómo preparar la casa para el invierno: guía completa antes de que llegue el frío

El invierno no perdona los descuidos: una ventana mal sellada o una caldera sin revisar se notan en la factura de la luz y en el confort de toda la casa durante meses. Preparar el hogar antes de que lleguen los primeros fríos de verdad —normalmente entre octubre y noviembre, según la zona de España en la que vivas— evita sustos, averías y gastos innecesarios. Esta guía repasa, sistema por sistema y estancia por estancia, qué merece la pena revisar antes de que baje el termómetro.

Revisar la calefacción antes de encenderla por primera vez

Antes de poner en marcha la calefacción tras meses parada conviene purgar los radiadores, comprobar la presión de la caldera y, si el sistema lo permite, programar un mantenimiento con un técnico autorizado. Un sistema revisado consume menos y falla menos justo cuando más lo necesitas.

Purgar los radiadores es la tarea más sencilla y la que más se olvida: si notas que calientan menos por arriba que por abajo, o hacen ruido al llenarse, casi seguro que tienen aire acumulado. Basta con abrir la válvula de purga con la llave adecuada hasta que salga agua sin burbujas, y luego cerrar bien. Aprovecha para comprobar la presión del circuito en el manómetro de la caldera; si está por debajo del rango que marca el fabricante, habrá que reponer agua.

Si tienes caldera de gas o gasóleo, una revisión anual por parte de un instalador autorizado no es solo recomendable por eficiencia: en muchos casos es una obligación legal ligada a la normativa de instalaciones térmicas en edificios. El técnico comprobará la combustión, la estanqueidad y el estado del quemador, y detectará fugas o desgastes antes de que se conviertan en una avería en pleno enero.

Para quienes usan calefacción eléctrica, radiadores de aceite o bombas de calor, el mantenimiento es distinto: limpiar los filtros de la unidad interior del aire acondicionado si también hace de bomba de calor, revisar que las rejillas no estén obstruidas por muebles o cortinas, y comprobar que a los termostatos programables se les han cambiado las pilas y tienen la hora bien ajustada.

Salón acogedor con radiador blanco bajo una ventana con estor, sofá beige y sillón vintage junto a una alfombra.

Sellar corrientes de aire en ventanas y puertas

Las pérdidas de calor por ventanas y puertas mal selladas son una de las causas más habituales de que la calefacción trabaje de más sin resultado. Detectar y tapar esas rendijas es, casi siempre, la medida con mejor relación entre coste y ahorro de toda la preparación invernal.

Para localizar las corrientes no hace falta ningún aparato: pasa la mano despacio por el perímetro de ventanas y puertas en un día de viento, o acerca una vela o una tira de papel fino cerca del marco. Si la llama se mueve o el papel ondea sin que haya corriente de aire visible, ahí hay una fuga.

Las soluciones varían según el tipo de hueco:

  • Ventanas de aluminio sin rotura de puente térmico: suelen ser las que más pérdidas generan. Colocar burletes autoadhesivos de espuma o silicona en el marco es una solución económica y reversible.
  • Ventanas de madera: si la madera se ha resecado y deformado, un burlete de cepillo (con cerdas) en la parte inferior y silicona en las juntas laterales suele bastar.
  • Puertas de entrada y de balcón: un burlete bajo puerta o una banda de espuma en el marco reduce mucho la corriente que entra por la rendija inferior, que es la que más se nota a la altura de los pies.
  • Persianas y cajones de persiana: son un punto de fuga que se olvida con frecuencia. Existen tapas aislantes específicas para cajones de persiana que se instalan por dentro sin obra.

Las cortinas gruesas también ayudan, sobre todo por la noche: una tela con forro térmico colocada bien cerca de la pared reduce la sensación de frío junto a la ventana. Durante el día, en cambio, conviene dejar entrar el sol siempre que la orientación lo permita, porque el calor solar directo es gratuito.

Si notas condensación o humedad en los marcos de aluminio, no lo confundas con una simple corriente de aire: puede indicar puentes térmicos que un burlete no resuelve del todo, y en ese caso merece la pena valorar una reforma del cerramiento a medio plazo.

Si además de sellar corrientes quieres mejorar el ambiente interior durante los meses fríos, échale un vistazo a Cómo ventilar la casa para reducir la humedad: guía práctica por estancias y estaciones.

Aislamiento de tuberías y protección contra heladas

Las tuberías expuestas al exterior o en zonas sin calefacción —garajes, patios, fachadas norte— son las que más riesgo tienen de congelarse y reventar cuando llega una ola de frío. Aislarlas con manguitos de espuma o lana mineral es una tarea de una tarde que evita una de las averías más caras y aparatosas del invierno.

Los manguitos tubulares de espuma de polietileno se venden por metros y en distintos diámetros; se cortan con un cúter y se ajustan a la tubería con la propia juntura adhesiva que llevan. En tramos especialmente expuestos, como el contador de agua a la intemperie o una tubería que corre pegada a un muro exterior sin cámara de aire, conviene añadir una segunda capa o usar cinta de aislamiento térmico específica para exteriores.

Si vas a dejar la vivienda vacía varios días seguidos en pleno invierno —una segunda residencia, por ejemplo—, lo más seguro es cerrar la llave de paso general y vaciar la instalación, o al menos dejar un grifo goteando ligeramente para que el agua en movimiento no llegue a congelarse. Comprueba también que la caldera tiene activada la función “antihielo”, presente en la mayoría de las calderas modernas, que enciende el sistema automáticamente si la temperatura del agua baja de un umbral crítico.

Chimeneas, estufas de leña y salidas de humo

Si tienes chimenea o estufa de leña, una limpieza y revisión del tiro antes de la primera temporada de uso es imprescindible por seguridad, no solo por rendimiento. El hollín acumulado en el conducto es la causa principal de los incendios de chimenea y también reduce la eficiencia de la combustión.

Un deshollinador profesional revisa el estado del conducto, retira los residuos acumulados y comprueba que no haya obstrucciones por nidos de pájaros u otros elementos, algo bastante habitual si la chimenea ha estado un año entero sin usarse. Aprovecha también para revisar la junta de la puerta de la estufa, si la tiene, porque una junta gastada deja entrar aire extra y empeora la combustión.

Si usas leña, guárdala en un lugar seco, ventilado y elevado del suelo; la leña húmeda no solo arde peor, sino que genera más creosota, la sustancia que se deposita en el conducto y aumenta el riesgo de incendio. Un detector de monóxido de carbono en la misma estancia que la estufa o chimenea es una medida de seguridad barata y muy recomendable, junto con el ya habitual detector de humo.

Revisar el tejado, canalones y fachada

El agua es el peor enemigo del invierno: una gotera que en verano pasa desapercibida puede convertirse en una humedad seria cuando se suman lluvias, nieve y heladas. Antes de que llegue la temporada de lluvias intensas, conviene subir a revisar tejas, canalones y bajantes, o encargar la revisión a un profesional si el acceso es complicado.

Los canalones obstruidos con hojas caídas son de lo más común en otoño: si el agua no drena bien, acaba rebosando por los laterales y empapando la fachada o filtrándose bajo las tejas. Una limpieza a fondo antes de las primeras lluvias fuertes evita ese problema. Aprovecha para comprobar que las bajantes no tienen grietas y que el agua se aleja bien de los cimientos, y no se acumula pegada al muro.

En tejados de teja, revisa que no haya piezas rotas, desplazadas o levantadas: una sola teja movida puede dejar pasar agua durante meses sin que se note desde dentro hasta que aparece la mancha en el techo. En terrazas y balcones, comprueba que los sumideros no estén taponados y que la pendiente sigue evacuando el agua correctamente.

Preparar el jardín, terraza y exterior

Las plantas, el mobiliario exterior y las instalaciones de riego necesitan su propia preparación antes de las heladas. El objetivo es proteger lo que el frío puede dañar y guardar lo que no va a usarse hasta la primavera.

Para el jardín:

  • Poda las plantas que lo necesiten antes de las primeras heladas fuertes, pero evita podar en exceso justo antes del frío, porque los cortes recientes son más vulnerables.
  • Cubre con mantillo o acolchado la base de las plantas más sensibles al frío para proteger las raíces.
  • Vacía y guarda las mangueras de riego, y purga el sistema de riego automático si lo tienes, porque el agua que queda dentro puede congelarse y reventar las tuberías de PVC.
  • Si tienes plantas en macetas que no aguantan bien las heladas, muévelas a un lugar resguardado, como un porche cerrado o cerca de una pared orientada al sur.

Para la terraza y el mobiliario:

  • Guarda o cubre con fundas impermeables las sillas, mesas y sombrillas que no vayan a usarse en los meses fríos.
  • Si tienes piscina, sigue el proceso de hibernado adecuado a tu tipo de instalación (clorada, salina o de otro tratamiento) para evitar daños en el filtro y las tuberías por el hielo.
  • Revisa que las farolas o luces solares del jardín siguen funcionando, ya que las horas de luz se reducen y se agradece tener el camino de entrada bien iluminado.

Hojas otoñales de colores amarillos, rojos y marrones esparcidas sobre el césped verde.

Comparativa de sistemas de calefacción según su mantenimiento

Antes de decidir si merece la pena reforzar, sustituir o complementar tu sistema de calefacción de cara al invierno, conviene comparar qué exige cada uno en cuanto a revisión y qué grado de sensibilidad tiene a un mal mantenimiento.

SistemaMantenimiento previo recomendadoRiesgo si no se revisaCoste aproximado de revisión
Caldera de gasRevisión anual por técnico autorizado, purgado de radiadoresFugas, mala combustión, parada en pleno inviernoVariable según empresa y zona
Caldera de gasóleoRevisión anual, limpieza de quemador y depósitoAtascos, olores, menor rendimientoSimilar o algo superior a gas
Bomba de calor / aerotermiaLimpieza de filtros y unidad exterior despejadaPérdida de rendimiento, hielo en la unidad exteriorGeneralmente más barata que una caldera
Estufa o chimenea de leñaDeshollinado profesional anualIncendio por acumulación de hollín, mala combustiónDepende del deshollinador y la zona
Radiadores eléctricosComprobación de cableado y termostatosBajo, pero consumo eléctrico elevado si hay fugas de calor en la viviendaSin coste de mantenimiento específico

Este cuadro es orientativo: el coste real de cualquier revisión depende de la empresa, la comunidad autónoma y el estado previo de la instalación, así que conviene pedir presupuesto local antes de decidir.

Comparación de sistemas de calefacción: mantenimiento y riesgo

Pequeños gestos que reducen el consumo sin obras

Además del mantenimiento de instalaciones, hay hábitos y ajustes menores que suman un ahorro apreciable sin necesidad de ninguna reforma. Ninguno por separado transforma la factura, pero juntos marcan una diferencia real a lo largo de toda la temporada.

Ajustar el termostato uno o dos grados por debajo de lo habitual y compensar con un jersey más en casa reduce el consumo de forma perceptible, aunque el ahorro exacto depende del tipo de vivienda, del aislamiento y de la eficiencia del sistema de calefacción, así que conviene tomarlo como orientación y no como cifra fija. Cerrar las persianas al anochecer añade una capa extra de aislamiento en las horas en que más frío hace. Y no calentar habitaciones que no se usan —cerrando su puerta y bajando el radiador— evita malgastar energía en espacios vacíos.

También ayuda purgar el aire de las tuberías del suelo radiante si dispones de este sistema, revisar el estado de las juntas de las puertas de balcones que no se abren en invierno y comprobar que los extractores de baño y cocina cierran bien cuando no están en marcha, para que no se conviertan en una vía de entrada de aire frío.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo es el mejor momento para empezar a preparar la casa para el invierno?

Lo más práctico es empezar a finales de verano o principios de otoño, antes de que llegue la primera ola de frío, para tener margen de encontrar hueco con técnicos de calefacción y deshollinadores, que suelen tener más demanda cuando ya ha bajado la temperatura.

¿Es obligatorio revisar la caldera todos los años?

En muchos casos sí existe una obligación normativa asociada al mantenimiento periódico de las instalaciones térmicas en edificios, con una periodicidad que depende del tipo y la potencia del equipo. Conviene consultar con el instalador o con la comunidad de propietarios cuál es la periodicidad exacta que se aplica a tu caldera concreta.

¿Cómo sé si mis ventanas pierden calor?

La forma más sencilla es pasar la mano por el marco en un día de viento o acercar una vela o un papel fino cerca de la junta: si notas movimiento de aire sin causa aparente, hay una fuga. La condensación repetida en el cristal o en el marco también es un indicio de mal aislamiento térmico.

¿Qué pasa si no purgo los radiadores antes de encender la calefacción?

El aire acumulado en el circuito impide que el agua caliente circule bien, así que el radiador calienta de forma desigual, tarda más en calentarse y el sistema en conjunto trabaja más para lograr el mismo confort, lo que se traduce en mayor consumo.

¿Merece la pena aislar las tuberías si vivo en una zona donde rara vez hiela?

Sí, sobre todo en tramos exteriores o poco protegidos, porque basta una sola ola de frío puntual para que una tubería sin aislar se congele y reviente. El coste del aislamiento es bajo comparado con el de una reparación por rotura de tubería.

Fuentes